| 1 cuota de $26.900,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $26.900,00 |
| 2 cuotas de $16.071,40 | Total $32.142,81 | |
| 3 cuotas de $11.159,01 | Total $33.477,05 | |
| 6 cuotas de $6.362,29 | Total $38.173,79 | |
| 9 cuotas de $4.731,41 | Total $42.582,70 | |
| 12 cuotas de $3.981,20 | Total $47.774,40 |
| 1 cuota de $26.900,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $26.900,00 |
| 2 cuotas de $16.135,96 | Total $32.271,93 | |
| 3 cuotas de $11.033,48 | Total $33.100,45 | |
| 6 cuotas de $6.102,26 | Total $36.613,59 | |
| 9 cuotas de $4.359,59 | Total $39.236,34 | |
| 12 cuotas de $3.421,68 | Total $41.060,16 | |
| 24 cuotas de $2.761,84 | Total $66.284,29 |
| 3 cuotas de $11.462,09 | Total $34.386,27 | |
| 6 cuotas de $6.312,53 | Total $37.875,20 |
| 3 cuotas de $11.581,34 | Total $34.744,04 | |
| 6 cuotas de $6.357,81 | Total $38.146,89 | |
| 9 cuotas de $4.757,41 | Total $42.816,73 | |
| 12 cuotas de $3.896,24 | Total $46.754,89 |
| 18 cuotas de $2.787,43 | Total $50.173,88 |
| 1 cuota de $26.900,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $26.900,00 |
| 3 cuotas de $9.784,42 | Total $29.353,28 | |
| 6 cuotas de $5.321,71 | Total $31.930,30 | |
| 9 cuotas de $4.459,12 | Total $40.132,11 | |
| 12 cuotas de $3.769,81 | Total $45.237,73 |
| 3 cuotas de $9.887,54 | Total $29.662,63 | |
| 6 cuotas de $5.424,38 | Total $32.546,31 | |
| 9 cuotas de $4.829,74 | Total $43.467,71 | |
| 12 cuotas de $4.149,77 | Total $49.797,28 |
| 3 cuotas de $10.452,44 | Total $31.357,33 | |
| 6 cuotas de $5.844,92 | Total $35.069,53 |
Sinopsis: Siguiendo un impulso, una mujer se anota en un curso de Lengua de Señas. Llega al aula y se sienta sola frente al profesor. Una persona oyente frente a una persona sorda. ¿Qué va a pasar ahora? ¿Y ahora? Todo es silencio. Todo es comienzo. Parece una buena premisa para narrar, y en efecto lo es. Pero pasa de buena a perfecta si quien va a registrar el proceso de aprendizaje es Tania Dick. Tania escribe hace muchos años; sin embargo, este es su primer libro publicado. Todos sus textos tienen que ver, de las maneras más sutiles, con el cuerpo y con el espacio: con el movimiento. En este caso el movimiento es el idioma; el cuerpo va a tener que aprender sus recorridos para poder comunicar, la mente va a tener que aprender los recorridos de otro cuerpo para poder entender. “Las manos en el escritorio y mis ojos desbordados de recorridos”, dice Tania. Y después: “No decir la palabra que pienso, moverla para que gire y gire”.
Tania tiene un sentido extra: puede percibir modificaciones ínfimas. Del aire, del sonido, del cuerpo, del ánimo. Y lo que es más asombroso: puede decirlas. Encuentra las palabras para decir lo que es casi una abstracción, y encuentra la sintaxis. A veces parece que tanteara: voy a poner esta palabra acá, o mejor no, o mejor sí: “Estoy en la zona del error, como una traductora buscando lenguaje”.
¿Quién si no ella, entonces, podría relatar la morfología, la sensorialidad y la emoción de un curso de Lengua de Señas?
